suele asociarse que jugamos a dos puntas cuando estando en una relación, iniciamos otra paralela. lo que intento plantear a continuación, es otro ejemplo clásico. mientras más me lo planteo, más me doy la razón, pero yo no sé que tan malo pueda ser jugar a dos puntas. sé que cuando uno lo dice suena un tanto provocativo, incluso un tanto ofensivo para con el sexo opuesto. no es que busque justificarme, no tengo la intención, pero muchas veces existen diversos factores que hacen justificable que uno baraje esta posibilidad.
entre todas las trágedias de mi adolescencia, siempre hay algo rescatable. esta vez, un record: me encaré una misma mina durante dos años. practicamente podríamos decir que eramos una pareja. here, there, and everywhere. siempre juntos. todo el tiempo. es más, cualquiera que no nos conocía, apostaba a que salíamos juntos. ah, casi me olvido un pequeño detalle, en esos dos años, todavia no habia podido robarle un beso.
no me pregunten como aguanté tanto, o porque insistía. no lo sé. simplemente lo hice. perseveré. y cada puto sábado, cuando ya casí metía el gol, asomaba el puto sol, y eso solo podía significar una cosa: la noche había terminado. por aquel tiempo, yo tenía muy en claro lo que quería, a ella. después de tanto tiempo, es válido el planteo de si todo aquello fue amor, una locura, una obsesión, o lo que sea. simplemente fué. y lo más probable es que nunca sepa qué.
recuerdo una noche, que ya estaba por morir, y yo por volverme a casa, me volví loco por una chica que no había visto nunca antes en mi vida. y no entendía como era posible que nadie la haya descubierto. como era posible que nadie se la haya cruzado en ninguna esquina. ahora bien, les pregunto, era posible que un segundo tirara al carajo tres millones ciento cincuenta y tres mil segundos? (osea, dos años). si. fue posible. de la noche a la mañana, habia optado por abortar todo un trabajo de hormiga. y todo eso me recordaba la historia del soldado que debía esperar cien noches bajo la ventana de la princesa, y la ante-última noche, toma sus cosas y se larga de ahí. confieso que al principio yo no caía en la cuenta de todo lo que estaba sucediendo. cuando quize darme cuenta, estaba de novio. la chica que perseguí durante dos años ya no me hablaba. tres meses fueron más que suficiente. nunca fuí bueno para las relaciones. parecía que todo empezaba de cero, pero no. los dos años pesaban bastante. retomamos el dialogo, volvimos a vernos y sentí que tenía que terminar lo que había empezado dos veranos atrás. se terminaba el año, y lo mejor estaba por llegar, aunque yo no iba a estar del todo preparado.
nunca fuí muy católico, y siempre protesté contra las fiestas de navidad y año nuevo, pero estaba convencido de que servían para que la gente haga cosas que en otro momento no. y algo de razón tenía. ese treintayuno de diciembre, cuando la llevaba a la casa, nos saludabamos y sentí que tenía que jugar todas mis fichas (que no eran pocas) all-in, my friends!. transpiré la camiseta como nunca, se alinearon los planetas, y con una ayudita del barba, la pelota se decidió a entrar. fue como ganar un partido en el último momento. y no era para menos, convengamos que, dos años, no te los labura cualquiera. ahora que lo pienso, en aquel entonces debí reclamar el premio a la trayectoria.
a todo esto, pareciera que nos desviamos del planteo principal, pero necesitaba llegar hasta acá, para explicarlo. cuando todo parecía encaminarse, el fantasma apareció. ahora creo que, las relaciones no deben medirse en tiempo, sino en intensidad. esos tres meses me habían importado más de lo que suponía. comenzaba el otoño, y sin buscarlo, me encontraba jugando a dos puntas. nunca quize que sea así. mi discurso siempre estuvo en contra de quienes lo hacían, pero no pude evitarlo. como era de esperarse, terminé sin el pan y sin la torta. el mes pasado se cumplieron cuatro años de que ella no me habla. sé que lleva dos años de novia y está enamorada de su chico. juro que soy re felíz de saber que es así. pero a veces me duele saber que no quiera hablarme. es injusto. a veces no entiendo por que en su momento no la elegí. no me arrepiento haber optado por intentar volver con mi ex. estaba convecido de que eso era lo que quería. tampoco creo haberlo intentado. tampoco nunca me puse a pensar que hubiera pasado si...
solo sé que hasta el último día de mi vida voy a recordar una frase que escuché decirle a lidia lamaison: es necio pensar en lo que no pudo ser.
martes, 13 de mayo de 2008
JUGANDO A DOS PUNTAS
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